Lloran los ocotes, llegaron los hachones

hachones La Piedad

LLORAN LOS OCOTES, LLEGARON LOS HACHONES

Por Bruno Eduardo Aceves Alejandre

El aroma de la resina de pino comienza a impregnar el ambiente anunciando que las fiestas ya están próximas. La sinfonía del hacha, el machete y los cuchillos chocando contra los troncos es la banda sonora de los preparativos. Estamos en el barrio de San Francisco, ahí tiene su acta de nacimiento la tradición de Los Hachones en La Piedad, las fogatas de ocote.

La Real Academia Española de la Lengua define un hachón como: Especia de brasero alto, fijo sobre un pie derecho, que se encienden algunas materias que levantan llama, y se usa en demostración de alguna festividad o regocijo público.

El ocote es un pino de madera sumamente resinosa. Algunos señalan que es el pino moctezuma o pino chamaite, (Pinus montezumae). Otros afirman que la especie de conífera que corresponde al ocote es el pino Amarillo, pino avellano (Pinus oocarpa). ​Lo cierto es que, antes era abundante y ahora es cada vez más escaso debido a la deforestación y al aguacate que le gana terreno a los predios forestales.

Partiendo ocote en la calle Zaragoza con la familia Cázares

¿Perros Bravos, San Francisco o San Francisco, Perros Bravos?

La creencia popular dice que el apodo del barrio es Perros Bravos cuando es en realidad su nombre original. Ya en 1887 se le conocía así, tal como lo señalan las Efemérides de La Piedad de Cavadas recopiladas entre 1833 y 1911 por Miguel Suárez Ruiz de Chávez, Andrés Morfín y Carlos Suárez Morfín:

Mayo 5. Hoy a las nueve de la mañana se bendijo en la capilla que están haciendo en el barrio de “Perros bravos” para Señor San Francisco de Asís, un oratorio que pusieron en la sacristía; lo bendijo el Sr. cura D. Francisco Fernández, asistió el Padre Fr. Luis G. Portugal y el Padre D. Antonio Montero, fueron padrinos D. Jesús Valasco y D. Atenógenes Magdaleno.

Pero fue hasta 16 años después, en 1903 que Perros Bravos tuvo su templo. Lo curioso es que no se estrenó en la fiesta de San Francisco sino hasta el 8 de octubre, de acuerdo a la recopilación de hechos antes citada. La fecha de nacimiento de los hachones está perdida en el tiempo. Aunque abuelos refieren que en los años veintes del siglo XX ya se hacían las fogatas.

Así era el templo de San Francisco en el barrio de Perros Bravos alrededor de 1950

Hachones piedadenses ni los originales ni los únicos

118 años después los hachones, siguen ardiendo aunque nadie sepa a ciencia cierta cuándo llegaron a La Piedad. Lo que sí es verdadero es que la costumbre ni es exclusiva de La Piedad en Michoacán ni nació en México.

En Coalcomán se llevan a cabo los hachones del 30 de noviembre al 8 de diciembre en honor a la Virgen de la Inmaculada Concepción. En Sahuayo las fogatas con ocote se llevan a cabo desde el 16 de julio y culminan el día 24 en la fiesta del apóstol Santiago. En Queréndaro se lleva a cabo la tradición de los “candiles”.

Del otro lado del Atlántico los hachones son de cera y los utilizan las cofradías que participan en las procesiones religiosas de Semana Santa. Algunos son una simple vela, otros utilizan una mecha de queroseno. Pero existen algunos muy peculiares que tienen forma de una granada antigua. Estos son utilizados por los artilleros.

Hachón de la cofradía de los artilleros en España / Foto 20 Minutos

Los claroscuros en la venta del ocote

Desde $10 pesos el kilo y hasta los $20 según el lugar donde lo adquieras.  Los vendedores de ocote son locales y foráneos. Algunas familias llevan generaciones enteras dedicándose a la venta de la madera seca de pino para quemarse. Tal es el caso de los Cázares.

La finca ubicada en el número 84 de la calle Zaragoza es inconfundible. Un tigre de bengala de papel maché es el distintivo. Victorino, su abuelo, Victorino su padre.

El distintivo Tigre que cada año aparece en la venta de ocote

Los hachones en La Piedad, tampoco son exclusivos del barrio de San Francisco. La tradición se ha “exportado” a otras demarcaciones de La Piedad. Tal es el caso de la popular colonia Las Colonias. Ahí, Filiberto Hernández Chávez y su prima María de los Ángeles Lara Álvarez llegan a vender su ocote desde la comunidad de Santa Cruz Tanaco.

Estos vendedores de ocote son oriundos del único municipio de Michoacán donde el gobierno local es el Concejo Mayor de Gobierno Comunal del Municipio de Cherán tal como lo enuncia su sitio de internet. Ahí no existen los partidos políticos.

Es irónico que esa forma sui géneris de gobierno nació en defensa de los bosques por parte de los pueblos purépechas y son sus pobladores los que venden el ocote. Aunque dicen cada vez hay menos pinos.

Instalados a un costado de la “Escuela Amarilla” sobre la calle Jesús Romero Flores son los oriundos de Tanaco. Mismos generan polémica entre los vecinos, pues acampan en la calle. Mientras unos se quejan de la basura y las heces, otros se compadecen de ellos pues sufren las inclemencias del clima, ya sea lluvia, sol, frío o viento.

Vendedores de Santa Cruz Tanaco, municipio de Cherán año con año se instalan a un costado de la primaria “Jesús Romero Flores”.

 Otro de los tradicionales comerciantes del ocote en Perros Bravos es conocido como “Panchato”. Es un puesto informal ubicado en la esquina de las calles Cuautla y Zaragoza. Dicen que llevan más de dos décadas con la venta de la madera para hachones.

Este vendedor es un controvertido personaje en el barrio. Toda su familia participa en las labores propias del comercio temporal de ocote. Pero también se dedica al reciclado de chatarra. Esto ha provocado que varios de los habitantes de la zona lo señalen como alguien que siempre obstruye las aceras.

La Fiesta Religiosa

Pero también está la otra vertiente, la fiesta religiosa. Organizados por calles, el novenario de misas se lleva a cabo en el barrio. Ocho donde los vecinos de las diversas rúas son los invitados y al final la peregrinación previa a la fiesta.

Riva Palacio, Nicolás Bravo, Zaragoza, Mariano Arista todos reconocidos liberales de la Guerra de Reforma cuyos nombres lucen en calles habitadas por vecinos católicos en su gran mayoría. Por lo menos de boleta bautismal, no sabemos si practicantes. Las dicotomías son parte del ecosistema en Perros Bravos.

Peregrinación con la imagen de San Francisco de Asís. / Foto Facebook Barrio de Perros Bravos

Otra de las contrariedades es que a pesar de que en La Piedad hay presencia de herederos de San Francisco de Asís, no son los Hermanos Menores Capuchinos los responsables del templo dedicado a su fundador.

El Convento de San Antonio de Padua alberga la Casa del Postulantado de la orden. Pero fieles a uno de sus pilares la “minoridad”, sólo participan en la peregrinación desde que su llegada a La Piedad. Son ellos quienes llevan en peregrinación a la figura del santo de Asís por calles adornadas de café y amarillo, con aroma a humo de ocote y llamas rojas como en el infierno.

Lo cierto es que cada vez se ven menos hachones en el barrio de Perros Bravos, pero más fuera del mismo. San Francisco ha ido envejeciendo y despoblándose, ya sea por la migración a otras colonias, que a Estados Unidos.

La demarcación en un tiempo albergó la zona de tolerancia donde había cantinas y sexoservidoras, pero también fiesta y música permanente. Igualmente fue la precursora de la industria del calzado deportivo y manufactura de balones, que generó empleo, oficios y desarrollo, pero también adicciones entre los trabajadores que por el encierro de los talleres aspiraban, pegamentos y solventes. Adictos pasivos les llaman los terapeutas de Centro de Integración Juvenil.

Hace unos años, se llevó a Perros Bravos la iniciativa San Francisco Barrio Mural. En las fachadas de las casas un grupo de artistas, profesionales o improvisados plasmaron las historias de las familias que vivieron en esos inmuebles. Muchas de ellas aún sobreviven en un estado no tan deplorable, pues la misma gente se ha encargado de que no las destruyan.

Instrucciones para un hachón

Hacer un hachón no requiere gran ciencia, baste con tener cerillos, encendedor y ocote seco. Pero cuando uno es niño debe sacarle juego a todo. Lo primero era tener un recipiente de base, preferentemente metálico. La resina quemada se convierte en brea que literalmente se hace un chapopote al que se adhiere polvo, basura y se transformaba en regaños y nalgadas.

Sobre esa base se coloca tierra de las macetas o arena de una construcción. Como paso intermedio, los trozos de ocote hay que hacerlos más delgados. Eso se hace con la ayuda de un cuchillo viejo de cocina o un machete y utilizando como martillo otro leño.

Una vez que se cuenta con la base con arena y el ocote en trozos se “construía” una choza, casita o algo que lo simulara. En un afán pirómano se encendía la maqueta y así se iniciaba la fogata.

Por la resina, el pino arde con una tremenda facilidad, pero también provoca un humo denso y negro cuyo hollín de adhiere a las paredes. Por eso los hachones de colocan bajo la banqueta. Eso sí, es muy importante dejar dos trozos gruesos donde sólo que quemen las puntas.

Los globos de periódico

Dentro de poco, un juego que se realizaba durante los hachones se declarará extinto. En la calle de Ocampo se reunían familias y vecinos en torno a la fogata de ocote. Con extraordinaria habilidad, Lilia y sus hermanas, convierten pliegos de papel periódico en globos que volaban por los aires ayudados con el fuego de las fogatas.

Globos de papel periódico

Tomados de cada una de las esquinas se doblan las hojas hasta formar una figura con forma de rombo y unidas por un alfiler. Esta técnica para hacer “volar” un globo de papel periódico está basada en el mismo principio de los globos aerostáticos. El aire caliente.

El juego es simple, una vez listo el globo de periódico se coloca en el suelo. Dos personas pisan las puntas que quedan en el suelo y otras dos, con los trozos gruesos de ocote encendido prenden las dos puntas que quedan al aire.

El resto dependerá de lo bien confeccionado del globo y de la física, aunque parezca magia. El aire caliente elevará la masa amorfa de cenizas, las tardes de otoño sin aire son magníficas para ese fin.

Con suerte, serán 10 o más metros la altura que alcance. Sólo podrá verse una chispa roja que regresará al suelo. ¡Es el alfiler! Una vez en el pavimento y pisando el delgado trozo de metal se pegará a la suela del zapato, ya frio se podrá recuperar y volver a reutilizarse.

Pero desde este año 2021 no habrá más globos, Lilia junto, su hijo Daniel y otros 7 mil 454 michoacanos fueron arrebatados por la pandemia de COVID-19 . Tal vez se fueron con uno de esos pliegos de periódicos, tal vez están en otro lugar enseñando a más niños a elaborarlos.

Los afilados metales se han puesto de luto de tanta resina que se les adhiere. Algunos troncos “lloran” espesas y olorosas lágrimas de savia. Tal vez por ser condenados a la hoguera, tal vez por que cada vez hay menos pinos. Tal vez porque una de las últimas hacedoras de globos de periódico no estará este año.


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