Rodando en lo profundo del Hospital General La Piedad

  • Crónica de una cirugía, dos días, dos noches y las historias que se entretejen en el Hospital General La Piedad

La Piedad, Michoacán. 31 de diciembre de 2021.- Count your blessings to find what you look for” . (Cuenta los agradecimientos para encontrar lo que buscas). La melodiosa voz de Adele resuena en el quirófano. La anestesia local no impide que escuche claramente su primer hit Rolling in the deep. Pero ese es casi el desenlace de esta historia. Mejor se las platico desde el comienzo.

La fecha estaba marcada para el Viernes de Dolores de hace dos años, sin duda un día adecuado para someterse a una cirugía. Sin embargo, el COVID-19 tenía planeado hacer sus estragos que según las autoridades han costado la vida a más de 8 mil michoacanos y a 215 piedadenses hasta este último día de 2021. Como si fuera una broma del Día de los Inocentes, la operación se celebró el 28 de diciembre.

Pero el ingreso debía ser el lunes 27 a las 19:00 horas. Papeles, exámenes y medicinas en mano llegó el reportero. Una vez despojado de la ropa y desvestido con una bata hospitalaria empezó la “danza de las copias” y la entrevista, cual machetazo a caballo de espadas, que se repetía una y otra vez:

  • ¿Su nombre completo?
  • ¿Edad?
  • ¿Grado máximo de estudios?
  • ¿Es alérgico a algún medicamento?
  • ¿Cuál es su padecimiento?
  • ¿Dónde nació?

La mejor estrategia para ser bien tratado en el Hospital General La Piedad es sonreír. A pesar del miedo, a pesar del dolor, del cansancio, de la impaciencia, de la desesperación. En el área de encamados de cirugía sonaron algunas risas y eso nos aligeró la carga a todos los presentes. La propia Adele lo dice: You’ll pay me back in kind and reap just what you’ve sown (pagas con la misma moneda y cosechas lo que siembras).

Pero fueron las conversaciones entre las entrevistas, las vivencias, las experiencias las que “Turn my sorrow into treasured gold” (convirtieron mi dolor en valioso oro).

Un enfermero, con suéter de la Secretaría de Salud de Guanajuato, vecino de la calle Pedro Aceves, extrovertido y simpático me compartió su historia no sin antes espetarle a un compañero:

– Yo ya he vivido todas las humillaciones hospitalarias

Todo sin dejar de sonreir. Raúl, con más de dos décadas de servicio y cargando muchos kilos de peso divide su tiempo en servir en ambos lados del puente de La Piedad, Michoacán. Para 2022 tiene sólo un propósito, “cursearse” todo lo que se pueda, aprender, saber más. Refiere que ya le han hecho semblanzas en medios. El niño que aprendió a inyectar de una tía a los 8 años me dijo:

  • ¡AY! Qué manos y brazos de pollo, no te hallo las venas

Cuando se despidió sólo nos aceptó unos cubrebocas que le obsequiamos. Afirmé contundente: Un cubrebocas profesional, para un profesional.

Pero las historias dramáticas están tan cerca como las camas del pabellón. Un joven taxista, oriundo de Tanhuato, casado en segundas nupcias, con cuatro hijos que mantener y una úlcera que le estalló lo mantiene postrado a la cama desde hace 22 días. Encadenado a ella también su esposa y su madre. No sé que sería de nosotros sin las maravillosas mujeres.

Enfermeras, camilleros, personal de intendencia y hasta los médicos lo saludan sorprendidos de verlo ahí. Le preguntan si no iba a salir ese día. Al Güero si que la fiebre le jugó una broma del día de los inocentes anticipada.

Todo el personal saluda, camilleros, enfermeras, médicos, internos, pasantes, personal administrativo y de aseo. Nadie deja del lado un “hola” cuando menos. Nadie acepta dádivas, la frase se repite. Este es mi trabajo y lo hago con mucho gusto. Emociona oírlo de empleados de gobierno.

DÍA DE LA CIRUGÍA

Amaneció fría la mañana. El ayuno requerido se siente, las tripas gruñen. Una enfermera de aspecto muy serio, pero muy profesional me venda los pies. El camillero me lleva hasta el quirófano y departe con los compañeros sobre el menú de desayuno que habrá para ese Día de los Inocentes.

Una vez “en capilla” veo dos flores de ocho luces cada una que son las lámparas. Una, dos, tres, siete inyecciones para la anestesia. Saludo a los cirujanos y a las enfermeras. Platican sobre la dosis de refuerzo de la vacuna anti COVID-19. Que si la Astra-Zeneca es muy fuerte y los tumbó o que si les pidieron hasta el acta de defunción para vacunarlos. Ya saben las ironías del régimen.

La música suena, toda en inglés, poco conversan, pero mucho hacen. Ahí es donde escucho Rolling in the deep y mientras los profesionales de la salud operan, este reportero escribe en su mente hasta que cínicamente se queda dormido.

Tras sacar la bilis acumulada a pasear al exterior, una súbita baja de presión, mareo y sudor frío me quedé en recuperación. Ahí tuve oportunidad de escuchar a Guadalupe, otra profesional de la enfermería que habita en El Camichín.

La enfermera quirúrgica me cuenta que el servicio de agua potable lleva días fallando. Pero también que el transporte público termina a las cinco de la tarde y es un problema para los habitantes de esa zona. Fue el pretexto perfecto para pedir el teléfono y hacer algunas llamadas, hay que molestar gente y funcionarios.

Al regresar al pabellón, como si hubiese habido un cambio de elenco sólo quedo uno de los pacientes. En el transcurso de la tarde personal del Hospital General amigos de la familia tuvieron la amabilidad de visitarte y conversar brevemente conmigo.

Uno de los enfermeros, oriundo de Morelia, preguntó sobre los lugares dónde comer en La Piedad. Por las prisas sólo alcanzamos a decirle lo más clásico del repertorio gastronómico piedadense. El vino a atender en el área COVID pero al disminuir los casos lo movieron de área.

Cae la noche y llegan los policías, traen a un interno del Centro de Readaptación Social de La Piedad (CERESO) esposado. Vestido de uniforme naranja lo custodian dos guardias. No sabe su fecha de nacimiento, no sabe leer, no tiene familia, pero dice tener 53 años. Una operación de hernia, tal como este que les escribe.

DADA DE ALTA Y LÁGRIMAS EN LO PROFUNDO

Una noche entre ronquidos propios y ajenos, revisiones de presión arterial, personal de intendencia que entra y sale, rictus de dolor de pacientes en otras salas, el cargador del arma de cargo de uno de los custodios que cayó y la expectativa de la recuperación.

Unas enfermeras viajan desde Zamora a laborar, se quejan, con razón de que sufren discriminación de la gente externa si dicen que han laborado en el área COVID. Si supieran que es mas peligroso estar afuera que adentro.

En un “inter” se sabe que hay buenos samaritanos afuera del Hospital General La Piedad obsequiando tortas. Esos ángeles que a veces tienen nombre como Voluntarias Vicentinas y otras son anónimos, pero de igual forma reparten amor en forma de comida.

Hasta al pide de mi cama llega quien fue mi pediatra hace muchos ayeres y ahora es un reconocido funcionario. El doctor de cuerpos y almas me dice:

  • Bruni, déjame contar hasta 10 aquí contigo, por que tuve que correr a unos de las funerarias, llegan aquí y parecen zopilotes. No se vale.

El gesto adusto del encumbrado galeno es auténtico, la molestia y la preocupación también, podrá no ser el campeón de la simpatía, pero de qué es un moderno Lucano (Leer Médico de Cuerpos y Almas de Taylor Cadwell), lo es.

La cirujana que me operó me da indicaciones precisas. Se llama Andrea Benitez Gaona y de acuerdo a inteligencia es oriunda de Morelia. Es residente de cirugía y tendremos la suerte de tenerla tres o cuatro meses en La Piedad. Le hago una serie de cuestionamientos. Qué sí, qué no, y qué hasta cuándo todos los responde con precisión y profesionalismo.

Poco después el doctor César Méndez llega también acompañado de ella y me reitera lo ya dicho. Me confirma las buenas noticias. La cirugía salió bien y me dan de alta en unas horas. Lo programado hace dos años, lo pospuesto, ya se cumplió, un propósito menos en 2021.

El gozo cayó al pozo con las historias reales. Mi compañero de pabellón, el reo del CERESO no tenía entre sus medicamentos la sutura para cerrar la herida, faltaban medicamentos. Mi esposa había salido y solo atiné a decirle a una de las enfermeras que revisara entre mi medicina para ver si algo le servía. La respuesta fue negativa.

Al igual que a mí, lo vendaron, pero al interno le lavaron sus pies. No pude más que sentir pena y Adele volvió a mi mente: Tears are gonna fall, rolling in the deep (Las lágrimas caerán rodando en lo profundo). Y cayeron, cayeron cuando me dijeron que alguien consiguió la sutura, cayeron ante la impotencia de no hacer nada y cayeron cuando iba saliendo del Hospital General La Piedad.

Hoy te escribo desde donde estoy recuperándome con los cuidados de mi esposa, de mi familia y amigos. Hoy te escribo para desearte un extraordinario 2022, que esté lleno de salud, de prosperidad, de logros. Que tu corazón esté ligero y tu bolsillo pesado.

Pero también te escribo para que puedas incluir entre tus propósitos ayudar a un desconocido, sonreír a un extraño. Pero si puedes, también ir al Hospital General La Piedad a ofrecer un poco de ti. Pues bien convirtamos el dolor, las penas en valioso oro, eso se puede hacer encendiendo un fuego en el corazón aunque estemos rondado en lo profundo.

Con mi más profundo agradecimiento

¡FELIZ AÑO 2022!

Bruno Eduardo Aceves Alejandre

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